El Salmo 150 es el último salmo del Salterio y funciona como su gran doxología final: un llamado breve e intenso a alabar a Dios con toda clase de instrumentos y con todo lo que tiene aliento de vida. Es el salmo de la alabanza pura, sin peticiones ni lamentos, solo gozo y música dirigidos al Señor.
Salmo 150
Alabad a Dios en su santuario;
alabadle en la expansión de su poder.
Alabadle por sus proezas;
alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza.
Alabadle a son de bocina;
alabadle con salterio y arpa.
Alabadle con pandero y danza;
alabadle con cuerdas y flautas.
Alabadle con címbalos resonantes;
alabadle con címbalos de júbilo.
Todo lo que respira alabe a JAH.
Aleluya.
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¿Qué dice el Salmo 150?
El Salmo 150 es el cierre del libro de los Salmos y funciona como un gran «¡Aleluya!» final. A diferencia de otros salmos que piden ayuda o lamentan una dificultad, este no contiene ninguna petición: es alabanza pura, una invitación a celebrar a Dios sin motivo específico más allá de quien Dios es y lo que ha hecho.
El salmo menciona una larga lista de instrumentos musicales del antiguo Israel —trompeta, arpa, pandero, cuerdas, flautas y címbalos— como si quisiera reunir toda la orquesta posible para la alabanza. La idea es que ninguna forma de expresión, ya sea música, danza o canto, sobra a la hora de honrar a Dios.
El versículo final, «todo lo que respira alabe a JAH», amplía la invitación a toda criatura viviente. Por eso muchos cristianos rezan o cantan este salmo como acción de gracias, en momentos de alegría o simplemente para terminar un tiempo de oración con un tono de gozo y gratitud.
Preguntas frecuentes sobre el Salmo 150
Porque funciona como una doxología de cierre para todo el libro de los Salmos: después de súplicas, lamentos y acciones de gracias, el Salterio termina con una alabanza pura y sin peticiones, como broche final de todo el libro.
Representan la totalidad de la música y expresión humana disponible en la época: viento, cuerda, percusión y danza. El salmo reúne todos estos recursos para mostrar que ninguna forma de alabanza sobra a la hora de honrar a Dios.
Se reza o canta en momentos de alegría y acción de gracias, y es habitual usarlo para cerrar un tiempo de oración o una celebración con un tono de gozo, gratitud y alabanza a Dios.
Aleluya significa «alabad a JAH» (alabad al Señor) y es una exclamación de júbilo que aparece al inicio y al final de varios salmos, usada tradicionalmente para expresar alabanza gozosa a Dios.